Abr 7 2015

Antonio J. QuesadaNueva etapa en la andadura de Aforo Libre para dar a conocer a poetas malagueños o affincaos en Málaga como Antonio J. Quesada que, nos confiesa, "lo que escribe es una mínima, una minúscula parte, de la poesía que persigue, que le rodea y que vive, en el mejor de los casos". Y nos deja con una pregunta dirigida a Antonio Gómez Yebra.

Entrevista: Miguel Ángel Barba | Fotos: aportadas por el autor.

Aforo Libre: ¿Para qué "no sirve" la poesía?

Antonio J. Quesada: ¡Uy, qué buen comienzo para la entrevista! Un político te diría “me encanta que me hagas esta pregunta”, pues… el primer poema de mi primer libro de poemas era tan pretencioso como para intentar ofrecer algo de luz sobre este tema (o sobre el negativo de este tema, utilizando terminología fotográfica). Y es un texto que sigo leyendo con interés. No sé, seguramente me pilló el día de aquella manera. Dice así…

Antonio J. Quesada¿Para qué sirve la poesía?

¿Para qué sirve la poesía?
Me encanta recibir esta pregunta
de labios de algún ejecutivo
que compra y vende acciones, empresas, personas
y otras muchas cosas.
Me encanta, porque así
puedo contestarle,
con mi mejor sonrisa,
que yo la necesito para vivir,
pero, afortunadamente,
a él no le servirá para nada.

No sé si he contestado a la pregunta… Para ser sincero, no recuerdo la pregunta… En fin, ya en serio, me gusta asegurar, con esas frases redondas que intento fabricar, que la poesía es una bella inutilidad, en la medida en que no sirve para nada productivo, en el sentido mercantil de la expresión. Es mucho más, claro está: es un fin en sí mismo, no sirve como medio (“más que para que podamos respirar en este mundo gris”, me respondo a mí mismo. “¿Te parece poco, poeta?”).

A. L.: ¿Cómo llegaste a la poesía y cuáles fueron tus comienzos... Tus primeras lecturas y tus primeros pinitos?

A. J. Q.: Soy lector de toda la vida, eso es esencial para, algún día, escribir. He leído muchos tipos de libros a lo largo de mi vida, pero me he ido formando un camino (ensayo y error, caótico recorrido, sí, pero camino) hasta llegar a ser lo que soy, que tampoco sé muy bien qué es. Lo natural es leer, lo de escribir ya no lo es tanto: nos lo enseñó Jaime Gil de Biedma hace tiempo. He leído mucha Historia durante muchos años, mucho libro de memorias y biografías, libros de arte, libros jurídicos (esto ya es mi trabajo), y afortunadamente, desde hace unos cuantos años, bastante poesía, que es, junto con la narrativa y el teatro, lo que vertebra hoy día mis intereses (junto con las biografías y memorias de los creadores a los que admiro). Combino un poco de todo, incluyendo cómics. Respecto de mis primeros pinitos literarios, en el instituto ya gané alguna cosita, pero empecé a tomarme esto algo más en serio cuando gané el Premio MálagaCrea 2003. Me di cuenta de que necesitaba expresarme, y escribí bastante narrativa, pero también a veces poesía, artículos de opinión e, incluso, teatro, con desigual fortuna pero con idéntico interés. Y empecé a publicar algunas cositas. Y, sorprendente, comprobé que había gente a la que gustaba eso que yo escribía, y era bonito.

Antonio J. Quesada

A. L.: ¿y después... pasaste por colectivos poéticos, revistas...?

A. J. Q.: Conocí a personas del mundo de la creación, de modo caótico y simpático. Intento tomarme en serio lo que hago, pero no a mí mismo, y congenié con algunas personas en mi camino. Básicamente he buscado siempre filias personales: las literarias me las busqué yo siempre por mi cuenta. Por ello, puedo llevarme fenomenal con personas cuya obra no me atrae, desde el punto de vista creativo, pues siempre separo eso, o con personas que no han influido de ninguna manera en mis gustos y/o personalidad. Por decirlo de alguna manera, yo estoy hecho a golpes: a golpe de lecturas y a golpe de indagaciones personales. No he conocido la figura de un maestro que te guía, sino la de compañeros de viaje con más o menos (o ningún) ascendiente. ¡Era tan inocente entonces! Tanto como para vivir lo que te voy a contar. Cuando publiqué mi primer libro de poemas, mi bienintencionado “Destellos de una existencia”, buscaba sitios donde se pudiera hacer algún acto cultural y presentarlo (qué inocente, hoy no haría nada de eso: es más, acabo de echar atrás un libro ya aceptado por una editorial), y encontré mucha puerta cultural cerrada y mucha mirada retorcida con nariz también retorcida. En ese camino, conocí, en una biblioteca pública, de la existencia de un suplemento cultural llamado “Papel Literario” y escribí al suplemento, conociendo ahí a José García Pérez y a las personas del Grupo Málaga. José García Pérez, con quien he mantenido una cordial amistad durante muchos años, me abrió la puerta al columnismo en Diario Málaga, tarea que me apasiona (o apasionaba) y a un grupo de personas con intereses creativos y buen grupo de amigos con los que compartir buenos ratos de charla: Antonio García Velasco, Paco Morales Lomas, Pepe Sarria, Antonio J. QuesadaCarlos Benítez Villodres, Albert Torés, Rafael Ávila, Francisco Muñoz Soler, etc. Con el tiempo cerrarían Diario Málaga y yo escribiría alguna cosa puntual en “Sur”, en “Málaga Hoy”, en diarios digitales, e iría conociendo a otras personas a las que admiro, que me irían aportando consejos y por las que tengo un inmenso cariño además de admiración por su obra, como Diego Medina, Francisco Ruiz Noguera, Antonio Gómez Yebra, José Infante, José María Prieto, Antonio Jiménez Millán, Antonio Parra, etc. Personas que me han permitido crecer a su lado, creadores de los que se puede aprender bastante. Y, para alguien con mi perfil, un docente de Derecho, estos momentos con creadores los siento como un regalo. Para alguien que come de explicar el contrato de compraventa a generaciones de distraídos tomar una cerveza con Juan Francisco Ferré y aprender de él, por ejemplo, es un lujo y un inmenso obsequio. Un regalo que la vida, que tanto me maltrata en otros aspectos, me ofrece. Así lo tomo: mis andanzas creativas son un regalo que no estaba destinado para mí. Intento disfrutarlas, por tanto.

A. L.: ¿Dónde has publicado y qué hasta ahora...?

A. J. Q.: He publicado varios libros de poemas aquí y allá, dentro de los cuales todavía hay poemas que releo con interés, y varios trabajos narrativos, además de textos en diversas revistas. He ganado alguna cosita y he dejado de ganar muchísimas más, la vida es así, y me han incluido en alguna antología (con especial cariño recuerdo Frontera Sur, de la Diputación de Málaga, coordinada por mi admirado Francisco Ruiz Noguera). Me interesa mucho la poesía, es mi gran pasión y aspiración, pero también la narrativa y la opinión en prensa. Siento en ocasiones esa necesidad de escribir en prensa, de manifestarme, pero no tengo prensa escrita en que escribir, nadie es perfecto; por eso creé un blog y una página en Facebook donde cuelgo mis cosas. Y cuando siento esa necesidad un poco más de lo normal, siempre están también los amigos de Diariolatorre, que suelen publicar también mis cosillas de opinión (o algo por el estilo) que escribo en ocasiones. Por otra parte, tampoco siento la necesidad de ser el perejil de todas las salsas, no tengo edad ya de eso. Por ello, por ejemplo, dejé de preocuparme por publicar en un Diario, o de escribir con periodicidad crítica literaria: consideré que esto último es algo así como el sexo, mejor practicarlo que hablar de él, pues queda como un poco exhibicionista (abrumar con lecturas y ciencia puede agobiar: prefiero disfrutar yo a explicar por qué disfruto).

A. L.: Dicen algunos que poeta no es solo quien escribe, sino también quien vive como un poeta... O dicho de otra forma, la poesía no solo se escribe sino que se vive, ¿o habría que decir que se sobrevive a ella...? o ¿quizá sea un mito?

Antonio J. Quesada con Antonio Parra y Francisco Ruíz Noguera,

A. J. Q.: Estoy de acuerdo con eso: la poesía se vive, y a veces se escribe. Sólo un poeta puede serlo sin escribir (escribir ya es una gentileza hacia nosotros, sus lectores). Lo que no quiere decir que me agrade “ir de poeta por la vida”, que es otra cosa. Me siento poeta por cómo soy y por alguna cosita escrita que tengo, pero cuando alguien me califica como “poeta” me da vértigo. Lo respeto demasiado. Por otra parte, veo a mucha persona que está obsesionada por ser considerada poeta por el resto del mundo, y prepara oposiciones a poeta en todo momento: escribe cosas, rima, va a eventos, habla con palabras presuntamente cultas y todo eso, pero en el fondo puede tener el mismo espíritu vital que un Registrador de la Propiedad. Intento que lo mío sea otra cosa, no sé si mejor o peor, pero otra cosa. Verás que hace muchos años que no publico nada, e incluso he echado atrás un libro, como dije antes: cada día me inspira más respeto la letra impresa, me intimida más que aquello que veo debajo de mi nombre no cubra mis expectativas, y además me aburre perder el tiempo en cosas secundarias (y tratar con las editoriales, cuando no eres un escritor conocido, es muy fastidioso). Mi gran goce es vivir yo del proceso creativo personal y de las creaciones ajenas: un goce un tanto masturbatorio, claro (pero, como creador, soy un firme defensor de la masturbación, obviamente). Y si algún día publico algo… pues bienvenido sea. Agradecidísimo, oiga.

A. L.: ¿Y... cómo es el día a día de un poeta?

Antonio J. QuesadaA. J. Q.: ¡Uff, supongo que hay tantos como poetas y como días! Por hacer una descripción de un día medianamente normal de mi vida, si es que existe, puedo apuntar que madrugo mucho, quizás demasiado, voy al trabajo en transporte público y leyendo siempre, puede que por el camino me venga alguna idea para un texto, y la escribo al llegar al despacho (o, si puedo, antes). Jornada de trabajo, durante la que soy una persona aparentemente normal, de esas que incluso suegras, obispos y banqueros miran bien, y si vuelvo a casa, lectura también durante el trayecto de vuelta en autobús. A veces tengo clases, pues soy docente, y a veces no. Docencia e investigación constituyen mi trabajo, un trabajo vocacional que me proporciona muchas satisfacciones, también, aunque no deja de ser una suerte de prostitución (agradable) que me permite tener mis necesidades cubiertas y dedicar todo el tiempo posible a la creación. Sea lo que sea eso de la creación.

A. L.: ¿En qué se diferencia un poeta de una “persona normal”?

A. J. Q.: Aunque no me gusta la distinción, la acepto a beneficio de inventario, para responder. Supongo que un poeta es un eterno buscador de belleza, de armonía, en un mundo en que no es la regla general. Y, por tanto, puede hacer cosas que suenan raras o improductivas a la gente normal. Puede ser inevitable. Pero no quiero ser confundido con esas personas que van de poetas por la vida, que se calzan una toga imaginaria y van por ahí recitando con voz muy alta unas cosas que riman, con el ego por las nubes. No. Como cantaba la gran Mari Trini, “yo no soy esa”.

A. L.: ¿Cuál es tu rutina, tu mecánica y tu método de escritura?

A. J. Q.: Es muy difícil, no sé si tengo reglas exactas. Una vez que tienes la idea… a por ella. Que la inspiración te pille trabajando (según el género, requerirá más o menos tiempo de labor: no es lo mismo un poema fugaz que un poema largo que un relato). Pero, ¿cómo llega la idea? En mi caso, puede venirme de cualquier manera: de un comentario de alguien, de una lectura, de una equivocación, de una imagen, de una broma... Cada día estoy más de acuerdo con aquello que nos enseñara Jaime Gil de Biedma de que escribía textos “porque se ponían pesados”. Sí, puede ser eso: hay algo que de repente surge en la mente y se pone pesado. Y merece la pena darle forma. Sí.

A. L.: ¿Eres de los que llevan siempre un block o papel para ir anotando todas aquellas ideas que van surgiendo da igual donde se esté? ¿Piensas como Pablo Picasso que "la inspiración existe pero tiene que pillarte trabajando o como Umberto Eco que "Nada es más nocivo para la creatividad que el furor de la inspiración"?

Antonio J. QuesadaA. J. Q.: Antes llevaba papeles y bolígrafo, y tomaba notas en sitios insospechados, etc. Antes era más joven, claro. Ahora, entre los cachivaches que lleva mi mochila, intento entresacar algo así en caso de necesidad, pero no siempre lo logro, pues soy más anárquico y descreído con los años. Si me pilla la musa en el despacho, en ocasiones, me mando un mail a mí mismo con varias ideas interesantes, y ya lo trabajaré cuando pueda. El mayor grado de esquizofrenia creativa, deliciosa, me sucedió en mi última estancia de investigación en Roma: llevaba en todo momento un cuadernito de anillas con un bolígrafo inserto y, en la portada, escribí “Cuaderno de Roma”. Escribía allí mis notas creativas (poemas, ideas para relatos, etc.), estuviera donde estuviera (Trastevere, Panteon, Colosseo, San Pietro,…), pero al final de la libreta, en sentido inverso, escribía cosas de trabajo (acción reivindicatoria, sociedades profesionales, enriquecimiento sin causa, etc.). Siempre digo que una esquizofrenia bien llevada es muy útil en la vida de un creador, pues refresca y no fosiliza, aunque te haga perder excesivo tiempo, también (es el centauro de que hablaba mi admirado Primo Levi). A mí me sirvió. Por cierto, me quedo con la parte creativa, más que con la jurídica, del Cuaderno citado. Con el tiempo, cuando era tan inconsciente como para publicar cosas, publiqué “Cuaderno de Roma”, un libro de poemas con una parte en prosa (columnas de opinión, alguna crítica literaria sui generis y algún relato, incluso).
Creo que la inspiración es básica, pero… sí, una vez que tuviste la idea luminosa, en la ducha o donde sea (medito mucho en mis solitarios paseos, mi lujo), a trabajar. La suerte no suele existir, a mí no me la han presentado formalmente, aunque nos hayamos guiñado el ojo furtivamente en alguna ocasión.

A. L.: ¿Cómo nacen tus ideas... Piensas que las ideas "inspiradoras" solo nacen de las vivencias y estímulos que recibes y vas construyendo a lo largo de tu vida... O pueden fluir cuando menos te lo esperas incluso sin tener nada que ver con tu entorno y vivencias?

A. J. Q.: Creo que en parte he contestado, pero… nacen de cualquier sitio. De mí mismo, de un pensamiento, de un error al leer un texto, de un comentario cazado aquí o allá, de una mirada, de una belleza inesperada que de repente encuentro, de una obsesión (¡ay, los demonios familiares!), de la intención de corregir la realidad por algo… ¡Qué sé yo, de tantas partes! Me encanta jugar a la autoficción, por otra parte, y eso sí me ha traído alguna anécdota no tan agradable: tomar de la vida real situaciones y malearlas puede dar pie a que el lector piense que es biografía, y actúe en consecuencia. Sobre todo cuando no escribes best-sellers.

Antonio J. Quesada

A. L.: ¿Cuáles son tus referentes a la hora de escribir, "tus temas", de qué cosas escribes o puedes escribir y de cuáles no, nunca, jamás...?

A. J. Q.:  Asunto difícil. A uno siempre le asaltan “demonios familiares”, es inevitable, pero depende mucho de diversos factores y momentos. A lo largo de la vida cambian los intereses, las filias y fobias, etc. Personalmente empecé escribiendo poesía con mucho interés en lo que me rodea, en lo colectivo, y he ido encerrándome en mí mismo cada día más, en una suerte de legítima defensa, para entender el colectivo pero desde mí mismo (el mundo tiene cien ojos, cierto, pero yo debo conservar mis dos ojos, también). No puedo soportar la prepotencia, y eso se refleja en mis textos, tampoco la hipocresía o, sobre todo, el mal estilo a la hora de ser y de estar o el invadir la privacidad ajena. Puedo encontrar intereses ajenos a mí que me resulten atractivos por alguna razón, o en ocasiones me he propuesto escribir sobre temas que me son totalmente ajenos, como puro ejercicio literario (recuerdo haber participado en concursos literarios sobre Semana Santa, sobre ritos funerarios o sobre sentimiento futbolístico madridista como puros ejercicios técnicos, pues no forman parte de mis inquietudes ni de mi imaginario personal).

A. L.: ¿Tus influencias son fácilmente identificables, se asoman o dejan ver en tus versos o son adecuadamente controladas para que lo que surja finalmente sea una forma identificable, un todo representativo claramente personal?

Antonio J. Quesada en SeulA. J. Q.: En mis versos puede observarse influencia más o menos clara de alguno de mis referentes, como Mario Benedetti, Ángel González o Brecht, supongo, pero creo que mis referentes se notan mucho más en mis opiniones, en artículos, en otro tipo de textos, más que en mi poesía. Un poeta genera creación en sí, y en ella seguramente se metaboliza su modo de ser y de estar. Y ahí van ya los referentes, las lecturas, etc. Pero, sin perjuicio de que sean importantes en la tarea poética, obviamente (no podría escribir como Lezama Lima, por ejemplo) a la hora de opinar los referentes son todavía más importantes (Manuel Vázquez Montalbán, Francisco Umbral, Pier Paolo Pasolini, Leonardo Sciascia, etc.).

A. L.: ¿Buscas la creación de estructuras para tus libros, o escribes poemas de manera libre y el tiempo ya dirá o terminará destapando elementos y descubriendo aspectos que conforman unidades o relacionan entre sí a diferentes poemas?

A. J. Q.: He hecho un poco de todo: los textos narrativos, obviamente, exigen una mayor unidad desde el primer momento, pues debo saber lo que quiero desde el primer momento, pero en poesía he hecho un poco de todo. También he publicado trabajos completamente unidos por un hilo conductor común, como “Poesía a instancia de parte” (coqueteo común de mi texto con la cita inicial de otro poeta) o “Cuaderno de Roma”, dedicado a la ciudad de Roma. Generalmente tiendo a ser más libre, y la unidad vendrá después, si es que llega. En este sentido, mi libro de poemas “Desde el otro lado del espejo” me dejó especialmente satisfecho. O en mi inocente “Destellos de una existencia” dediqué una parte a conversar con los animales, como un San Francisco de rebajas de enero.

A. L.: En plena sociedad de la inmediatez y la prisa, ¿de dónde saca tiempo un poeta para escribir...?

Antonio J. QuesadaA. J. Q.: Tengo con la literatura una relación de amante, más que una relación matrimonial. Por eso no tengo tiempo para dedicarlo con la diligencia de un buen padre de familia y la seriedad de un funcionario del Catastro. Saco ratos de aquí y de allá, a veces en plena jornada de trabajo (al menos para tomar nota del detonante de algo, o dar algún retoque, si es poesía). La narrativa exige mucha más serenidad, y debo robar horas a mi tiempo libre para dedicarle lo que necesita. Pero disfruto mucho con la actividad creativa. Es un placer dedicar mi ocio a esto. Placer y necesidad.

A. L.¿Es o debe ser un poeta un comprometido con su tiempo... un militante de algo... implicarse socioculturalmente ,,, piensas que la poesía debe ser "un arma cargada de futuro", o se puede ser poeta sin dejarse llevar por lo que acontece...?

A. J. Q.: Un poeta está comprometido ante todo con su obra (“militante de mí mismo, y sólo a ratos”, escribí alguna vez por alguna parte), aunque espero que sea una persona comprometida, también, con el momento que le tocó vivir. Yo soy un ciudadano que escribe versos, en el sentido más propio de la expresión. Pero me sucede lo que a Camus, que prefiero antes vidas comprometidas que obras comprometidas. El compromiso me parece una opción legítima, mis mayores referentes son autores comprometidos (Vázquez Montalbán, Pier Paolo Pasolini, Leonardo Sciascia, Camus, Sartre…), y lo practico con frecuencia, pero considero perfectamente legítimo no comprometerse (aunque como ciudadano, es reprobable estar alejado de tu tiempo). Nunca olvido los versos de mi admirado Manuel Vázquez Montalbán, en “Praga” (su libro de poemas preferido por mí), cuando aseguraba “mas no os fieis de mi entusiasmo / demasiado distante para creer / todos los días a todas horas / todos juntos”. Sí, eso es: conciencia crítica con lo que te rodea. De todas formas, creo que de todo debe de haber en una obra tomada en su conjunto, o en el mundo literario.
En cualquier caso, como ciudadano, suelo expresarme cuando lo considero conveniente (no necesariamente en verso), aunque al no ostentar una ideología canónica me cuesta ser entendido en ocasiones (hay gente a la que no le cabe en la cabeza que alguien pueda sentirse palestino e israelí a la vez, por ejemplo).

Antonio J. Quesada y José Infante

A. L.: Pablo Neruda dijo que: La Poesía no es de quien la escribe sino de quien la usa... ¿Podríamos ligarla con la pregunta anterior, no?

A. J. Q.: Estoy de acuerdo con el Maestro Neruda: una vez que el poema llega a alguien, ya, le pertenece. Yo, como autor, hice lo que pude o quise, pero ahora le corresponde al lector apropiarse del texto y darle el sentido que considere oportuno, que sintonizará más o menos con lo que yo quise escribir. Pero eso, llegado un momento, tiene una importancia menor. Casi como sucede con un texto legal, algo que me toca estudiar profesionalmente. Es una obra más o menos abierta a disposición del lector, destinatario final.

A. L.: ¿Es cierto eso que pienso a veces... que la poesía nos acorrala en un rincón de nuestras conciencias... hasta que escribimos y es entonces cuando nos deja escapar y nos libera... aunque solo sea por unos instantes, hasta que volvamos a sentirnos de nuevo atrapados por ella?

A. J. Q.: Es una idea que recuerda a aquello que comentaba Jaime Gil de Biedma, puede ser. Personalmente, lo que escribo es una mínima, una minúscula parte, de la poesía que persigo, que me rodea y que vivo, en el mejor de los casos. Intento crear mi burbuja, en la que vivo en verso, aunque estoy asediado por el mundo exterior, que no da tregua, y en ocasiones incluso escribo algo. Maravilloso.

A. L.: ¿Será verdad eso que dicen que la poesía solo la compran los poetas?

Antonio J. QuesadaA. J. Q.: Supongo que se lee menos poesía que otros géneros, pero no creo que se llegue sólo a eso. Sí es cierto que los poetas son los que te miran con una lupa mayor, generalmente para certificar que no mereces la pena,… jejejej. Igual que existen las novelas para novelistas existe la poesía para poetas, o la poesía para profesores. No creo que haya reglas estrictas, como con casi nada en la vida. Sí creo que es cierto que uno no relee sus propios poemas: los corrige. Por cierto, un poema no suele estar nunca terminado: está abandonado en un determinado momento. Lo dijo un gran creador francés antes que yo, porque casi todo lo que pienso ya lo ha dicho alguien antes que yo. Llego tarde a casi todo…

A. L.: ¿Qué lee un poeta como tú que no se haya leído ya...?

A. J. Q.:  Mi mayor característica como lector es que soy no bueno, pero sí muy poliédrico y curioso. Me atrae el mestizaje en todo en la vida, y en las lecturas no podía ser de otro modo. Me gusta unir lo popular con lo culto (algo que desde Eco, Moix, Vázquez Montalbán y otros sabemos que no es pecado) y los diversos géneros. No sé por qué no puedo entretenerme leyendo prensa deportiva y luego deleitarme con Eliot. Todo es compaginable, siempre que lo ubiquemos en su lugar: todo en la vida es un juego de reglas y excepciones, que debemos saber ubicar adecuadamente. Tengo una teoría sobre esto, pero parafraseando a Günter Grass, “es cuento largo”.

A. L.: ¿Está tocada y herida la poesía... o está más viva que nunca?

A. J. Q.: Está tocada en la medida en que es difícil buscar y crear belleza y armonía, y no suele ser fácil disfrutar de ella, no está al alcance de todos los espíritus ni de todos los momentos (la vida no da tregua, nos tiene acorralados). Pero esto existe desde que el mundo es mundo, incluso el eterno debate entre buenos y malos poetas (¡grandes páginas de Cervantes al respecto, por ejemplo!), que todos siguen o seguimos, cambiando los nombres. No me gusta juzgar ni, mucho menos, condenar. Prefiero disfrutar. Pero la poesía no estará tocada mientras exista necesidad de buscar belleza y armonía. En un universo orwelliano, por ejemplo, no hay necesidad de poesía. Por eso es un mundo horrible y que no merece la pena defender.

A. L.: ¿Es posible la poesía colectiva o es más bien un acto "íntimo y discreto"?

Antonio J. QuesadaA. J. Q.: Entiendo la poesía como un acto íntimo, de creación y de disfrute. Por eso, me cuesta hablar de mis poemas (como me cuesta hablar de dolencias: es de mal gusto, además), y llevar a cabo una lectura poética no deja de ser un acto que me inquieta. Como docente soy un exhibicionista, pero con los hígados ajenos, no con el mío. Leer poesía es un acto muy íntimo, y escribirla también. Aunque cuando me invitan a leer alguna cosita, si puedo, estoy encantado de ir, pues no se presenta tantas veces esta ocasión. Cuando un poeta que me interesa lee poemas en público acudo porque lo entiendo como una gentileza que tiene conmigo, su lector. Pero, como antes comenté, no me gustan los poetas con toga, a los que criticaba Jaime Gil de Biedma, o que gritan sus cosas, como apuntaba el gran León Felipe. En fin, que soy un poco extraño, también; no me lo tenga en cuenta, que no soy malo.

A. L.: ¿Cómo ves el nivel y la calidad de la poesía actual? Hay muchos poetas jóvenes contemporáneos, ¿cuáles destacarías o sientes más cercanos, cuyas obras poética te parecen más destacables o incluso más cercanas a la tuya?

A. J. Q.: ¡Uy, pregunta muy difícil! Leo diferentes tipos de poesía, escribo o intento escribir otro tipo, también, y me acompañan amigos como Antonio Machado, Manuel Vázquez Montalbán, Jaime Gil de Biedma, Luis Cernuda, Pier Paolo Pasolini, Juan Luis Panero, Jorge Luis Borges, Cavafis, Mario Benedetti, Leopoldo María Panero, León Felipe… Y seguro que me dejo atrás a alguno. De entre los actuales, me apasionan los textos de Antonio Jiménez Millán, Francisco Ruiz Noguera y José Infante, con los que tengo el honor de mantener un vínculo de cariño que me hace más entrañable cada uno de sus trabajos creativos, así como los de autores como Karmelo C. Iribarren, Joan Margarit, Luis García Montero,… Aunque puede que, como Leopoldo María Panero atribuía a Gimferrer, no conozca a mis contemporáneos. Me pasa un poco, porque soy un gozador, no un científico: no estoy a la última, pendiente de lo último que se lleva en tal o cual ciudad, pues quiero gozar, no ser una enciclopedia. Por otra parte, no sé lo que es un poeta joven, (¿poeta joven de cuarenta años, se preguntaba Ángel González?). En fin, es poeta joven quien me hace volar, y me convierte en joven a mí también. Eso me gusta. Por cierto, grave omisión sería no citar entre mis lecturas y poetas admirados, también, al gran Antonio Gómez Yebra, de quien creo que le sucede algo parecido a lo que sucedía a su (nuestra) querida Gloria Fuertes: es un gran poeta, completo en el sentido más extenso de la palabra, no sólo un gran autor de literatura infantil (que también; y, a diferencia de la gran Gloria, Antonio también es un sólido estudioso y científico de las Letras).

Antonio J. Quesada con Fº Muñoz Soler, entre otros.

A. L.: Volviendo al principio y a los orígenes, esos que nunca deben ser olvidados porque suponen nuestras referencias primigenias... ¿Algunos poetas de los de siempre que son imprescindibles y nadie debería dejar de leer nunca?

A. J. Q.: Me resultan especialmente imprescindibles Antonio Machado, Luis Cernuda, Cavafis. Jaime Gil de Biedma y Vázquez Montalbán. Y cada día más se agiganta la figura de Juan Luis Panero. Soy muy autodidacta, en esto como en casi todo, y leo a estos autores por el inmenso placer que me proporcionan, no por afán de sabiduría. Pese a ser contemporáneos o casi. Remitirme a la Grecia clásica o al Siglo de Oro hubiese quedado más culto e ilustrado por mi parte, pero se notaría demasiado mi mentira, en este caso. Es tan flagrante que, pese a que el poeta es un fingidor, me ruboriza.

A. L.: Y regresando al presente: ¿Algunos poetas actuales o contemporáneos que son imprescindibles y nadie debería dejar de leer nunca?

A. J. Q.: Me proporcionan gran placer,  como he apuntado, Antonio Jiménez Millán, Karmelo C. Iribarren, Francisco Ruiz Noguera, Antonio Gómez Yebra o José Infante, entre otros. Incluiría a los hermanos Panero o Vázquez Montalbán, muertos tan recientemente que siguen estando vivos. Como sus libros, que siempre lo estarán. Y estoy colmando algunas lagunas injustificables, como la que tenía con Javier Salvago, que también se agiganta en mi día a día.

A. L.: ¿A quién crees que deberíamos entrevistar para este espacio dedicado a la poesía y qué pregunta le harías?

Antonio J. QuesadaA. J. Q.: Hay ya algunos poetas entrevistados que hubiese citado con los ojos cerrados, pero ya que veo que no está, citaría a Antonio Gómez Yebra, porque es un gran creador y, además, un sólido estudioso. A Antonio le preguntaría, siendo un poco indiscreto, si resulta fácil compaginar su tarea de estudioso de la literatura con la de creador. Antes he hablado de esquizofrenia bien llevada, en mi caso, y la asumo. Pero a Antonio le preguntaría: ¿es esa situación una esquizofrenia soportable, eso de ser a la vez actor y espectador inteligente, no lo es, es complementario, es algún tipo de carga? Con los creadores a los que admiro soy un poco cotilla, me encanta conocer su proceso creativo.

Facebook donde voy colgando mis cositas. Mi blog: http://antoniojetaquesada.blogspot.com.

Por cierto, para responder a la cuestión de mi querido y admirado amigo Domingo César Ayala, acerca de unir “Penúltimos castigos”, de nuestro admirado Carlos Barral, y el Derecho civil, he de decir que hay tema del que rascar: persona real que se siente insultado por la presunta visión que se da de él, presuntamente, en una obra creativa. Apasionante. Aunque me permito la licencia de aludir a asuntos dilucidados ante la jurisdicción penal, el ataque que se pretendió reprochar lo era frente el honor, y están en colisión derechos típicamente de la personalidad como el derecho al honor y la libertad de creación. Todo un rosario que empezó antes, con un relato publicado por el gran Barral, y que seguirá con la única novela publicada íntegra por Carlos, la citada “Penúltimos castigos”. El proceso es muy sugerente desde el punto de vista legal y constitucional, pues incluso el Tribunal Constitucional hubo de pronunciarse. Estamos ante la eterna lucha entre realidad y ficción, gracias a la utilización de la “autoficción”, un peligroso enfoque (que le pregunten a Vargas Llosa y a su tía Julia, a Umbral, a Semprún, a Kundera, a tantos y tantos…). Aporto un enlace en que se da una versión sobre el tema, aunque poco afín a mi admirado Barral: http://www.filosofia.org/ave/001/a399.htm. Más jurídico es el siguiente enlace: https://antoniopina.wordpress.com/2011/05/08/dario-villanueva-en-pensar-el-derecho/

Y sin más, pidiendo disculpas por lo extenso que he sido, quiero agradecer a Aforo Libre su atención. Espero que sigamos viéndonos por esos ciber-mundos de Dios o en algún evento literario.

Y desde Aforo Libre devolvemos multiplicado el agradecimiento y la amabilidad y a buen seguro que nos encontraremos en esos ciber-mundos y en estos rincones malagueños cargados de poesía.

Antonio J. Quesada


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La botella vacia - Vie 23 de Feb a las 21:00 - La Cochera Cabaret

Exposiciones de arte temporales

El Blobterre de Matali Crasset - Centre Pompidou Málaga
Juan Gris, María Blanchard y los cubismos (1916-1927) - Museo Carmen Thyssen
Nacerán Nuevas Auroras - Museum Jorge Rando
El Blobterre de Matali Crasset - Centre Pompidou Málaga
Las Utopías Modernas - Centre Pompidou Málaga
Juan Gris, María Blanchard y los cubismos (1916-1927) - Museo Carmen Thyssen
Nacerán Nuevas Auroras - Museum Jorge Rando
Las Utopías Modernas - Centre Pompidou Málaga
El Blobterre de Matali Crasset - Centre Pompidou Málaga
Juan Gris, María Blanchard y los cubismos (1916-1927) - Museo Carmen Thyssen
Nacerán Nuevas Auroras - Museum Jorge Rando
El Blobterre de Matali Crasset - Centre Pompidou Málaga
Las Utopías Modernas - Centre Pompidou Málaga
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Nacerán Nuevas Auroras - Museum Jorge Rando

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