Ene 21 2023

Teatro malagueño, José Barra Rando, Texto:  José Barra Rando | Fotos:  Centro Cultural Provincial Mª Victoria Atencia

La producción escénica de la provincia atraviesa una crisis sin precedentes

En Málaga, la farándula es sufridora de la lluvia torrencial que cae sin cesar a su alrededor. Los más optimistas, o ilusos, salen a la intemperie con la confianza de que el Estado les tienda un paraguas financiero para resguardarles del chaparrón. Por otro lado, los profesionales más veteranos se refugian en casa, pues son conscientes de que nadie les va a salvar de terminar empapados.

Aplausos. Se cierra el telón. Pedro, en el centro del escenario, con la cabeza alta y pose triunfal, como si de un laureado gladiador se tratase, baja los brazos y borra la sonrisa de su boca tan pronto como la tela de terciopelo que separa la tarima de la Sala 3 del Teatro Echegaray se despliega delante suya. Unos segundos después, se le acerca el director y le extiende un cheque por valor de 800 euros, aunque Pedro sabe que Hacienda le descontará un 35% del total, mientras exclama: “¡Enhorabuena, lleno absoluto!”. Recoge sus bártulos y pone rumbo al camerino. Se mira al espejo, todavía con la nariz de payaso puesta. Contempla su rostro arrugado, tal vez demasiado para tener 53 años, y se dedica una mirada compasiva mientras barrunta: “de algo habrá que comer”.

El problema, Pedro, es que cada vez son menos los malagueños que pueden comer de esto, del teatro.

Tomando como referencia el Informe sobre las Artes Escénicas en España: Distribución, Programación y Públicos (2020), difundido por el Observatorio de la Academia de las Artes Escénicas de España, podemos afirmar de modo taxativo que el teatro andaluz ha sufrido un desplome sin precedentes en la década de 2010, marcado por la alargada sombra de la crisis económica de 2008. En este periodo, la oferta cultural de espectáculos en vivo en Andalucía se vio mermada en más de 3.000 representaciones y lo que es peor, registró una pérdida de 400.000 espectadores. Ante este clima de decadencia, la situación se volvió más crítica si cabe con el varapalo atestado por el coronavirus. “Con el Covid, mucha gente del sector ha caído. He visto a gente muy mal”, explica Ángel Baena, director, actor y profesor de artes escénicas.

Teatro malagueño, José Barra Rando, Son cada vez más los miembros de este sector que han perdido la fe en el amparo financiero del Gobierno y otras instituciones. Es el caso de Ángel Calvente, director y fundador de Espejo Negro, una compañía malagueña ganadora de tres premios MAX, que asegura que se encuentra totalmente “en contra” de las ayudas estatales a la producción escénica, las cuales describe como “ridículas” y “mal dadas”. Esta dudosa distribución de recursos se hace más que evidente cuando repasamos episodios como el gasto de 1,4 millones de euros en fondos para la Gala de los Goya por parte del Ayuntamiento de Málaga el pasado año, mientras que los presupuestos de la Junta para “cine, artes escénicas y flamenco” oscilan los 5,4 millones de
euros para toda Andalucía.

Las reclamaciones de los profesionales malagueños caen en saco roto, y sus representantes culpan en gran medida al desinterés estatal. En el Tercer Congreso Provincial de Artes Escénicas de Málaga, celebrado este año por primera vez desde 2011, Xosé Paulo Rodríguez, director del Teatro Rosalía de Castro de A Coruña, critica que las representaciones escénicas nunca están en la agenda política, y en el caso de que estén, siempre son más un componente de ornato que de compromiso con el sector. “Nuestras reivindicaciones son las mismas que en el año 90”, denuncia Ángel Baena. Tanto es así, que su propio nombre figura en una noticia del diario Sur fechada en junio de 1994 con el titular: “Compañías locales critican la política teatral del Cervantes”. En ella, los encargados de dos compañías malagueñas, entre los que se encuentra Baena, sentencian la política teatral del Ayuntamiento y los programas del Cervantes como un “fracaso”.

En esta tesitura, son muchos los Pedros que todavía llaman a la puerta de aquellos dispuestos a ofrecerles cualquier tipo de ayuda, que llenan su furgoneta de diésel -costeado por ellos- y de su pétrea vocación por hacer vibrar al público. Pueblo a pueblo, recorren los escenarios más singulares de municipios donde aún se apuesta por ofrecer a sus habitantes espacios para la expresión cultural del ser humano sin cortapisas, para la libertad.

Gracias a este rescoldo de lo que fueron llamas sobrevive el teatro y la esperanza de que la sociedad reaccione y aplauda cada vez más fuerte a estos valientes, supervivientes de pandemias varias. El teatro malagueño existe, y ha de ser reivindicado y atendido.

Teatro malagueño, José Barra Rando,

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