Oct 6 2011

Teatro Cervantes. 01/10/2011

primera escena de la obraUna alegoría en la que se desatan las debilidades del género humano y muestra el carcomido interior que sostiene nuestras imágenes: Cuando lo real es irreal y la ficción es sustantividad

Texto: Miguel Ángel Barba | Fotos: José M. Cortés

La Avería es un cuento corto del escritor suizo Frederich Dürremantt, a partir del cual fue creado un guión radiofónico, adaptado por Fernando Sansegundo para que, bajo la dirección de Blanca Portillo, un buen grupo de profesionales destile buen teatro.

otra escena de la obraUn montaje bien hilvanado que lleva a escena un, cuanto menos, inquietante juego. Interpretado en clave de comedia, con tintes de thriller clásico y unos toques de género de terror o suspense -al más puro estilo Stephen King en algunos momentos- en el que el absurdo, lo surrealista, la comedia gestual y algunos matices de tragedia griega tienen cabida en una especie de "última cena" en la que se transmuta lo real en irreal y la ficción en sustantividad.

Lo primero que llama la atención al público nada más entrar en el teatro es una impresionante escenografía, con aires góticos, preciosista, con mucha luz en un salón-comedor con bar y una infinidad de libros sobre anaqueles que casi se pierden a la vista en los altos del escenario. El aspecto es el de una mansión de apariencia decimonónica, lujosa, con un cierto aire decadente; a la derecha el jardín, solo iluminado en el inico de la acción y a media luz en las salidas de personajes fuera de la casa durante la noche.

Un ama de llaves, más tarde cocinera, a la postre eje del pantagruélico gaudeamus, quisquillosa aunque afamada, cargada de lirismo por momentos y marcados  movimientos coreográficos en otros,  deambula por el escenario. Comienza la acción con la entrada de un encantador abuelo, posteriormente descubierto como juez jubilado; da la impresión de ser una afable pensionista dedicado a sus rosas y a su jardín.

A partir de ahí se desata la trama y se deshilvana la historia. El montaje destila diálogos muy ágiles, y un preciso y certero ideograma de los personajes. Tanto el texto como el montaje son resueltos con solvencia. El montaje además cuenta con una muy buena caracterización, que ha llevado a mas de uno a preguntar porque los papeles de viejos han sido puestos en manos de jóvenes actores, caracterizados con máscaras de látex. Pero al ver los movimientos escénicos, de una gran agilidad y flexibilidad, con exhibiciones físicas de algunos de los personajes y una  más que notable creación corporal, yo me quedo con la elección hecha por la directora. Para gustos los colores.

otra escena de la obraAdemás,  ¿porqué no usar la máscara, tradicional en el mundo de la farándula desde tiempos inmemoriales?. Si a esto sumamos que aumenta la sensación de tragedia griega, ya muy marcada por contar con una estructura similar: su párodos, sus rituales y cantos líricos, la definición de sus episodios y finalmente el éxodo (en este caso solo hasta su habitación -¿solo?), tiene además algún atisbo de corifeo e incluso su ditirambo a la justicia. También añade una pequeña dosis de caricatura, títere e incluso en ocasiones aires siniestros a más de uno de los personajes. Con lo que, desde mi punto de vista, aporta mucho más de lo que resta por no tener la presencia de actores coetáneos de los personajes, más homogéneos pero menos "estirables".
Otro debate que se ha suscitado es el  del uso de micrófonos de apoyo a los actores. Si bien es cierto que se descuida cierto trabajo actoral, como es el ponerse en un escenario, saber dirigir e impostar la voz, lanzarla y trabajarla, también es cierto que con el apoyo tecnológico se cultiva mucho la expresividad, los matices y, no se puede obviar, mucho público lo agradece, sobre todo en las salas y teatros más grandes, peor equipados, mal proyectados; o sea con una sonoridad mala o nula. Ni que decir tiene quien pueda padecer cierto deterioro auditivo.

De los actores y los personajes ¡qué decir!. Están todos estupendos, bajo una gran dirección de actores. 
escena del juez y el acusado invitadoJosé Luis García-Pérez, al que solo conocía por las series de televisión en las que participa, claramente con registros muy diferentes, como en Guante Blanco, me ha producido una muy agradable sensación sobre un escenario. El inocente invitado a tan extraño juego, por cierto el único que actúa sin máscara, debido al periplo de sensaciones por el que viaja su personaje, puede mostrar una interpretación mucho más amplia, desde el sobrado triunfador de los negocios, hasta el acabado, denostado y aplastado por el peso de la culpa, lo cual le permite un juego de registros interpretativos mucho mayor que al resto.
Un fantástico Asier Etxeandia, en el papel de Zorn, el fiscal, un fiscal que recuerda al famoso Ebenezer Scrooge, el usurero de la novela de 1843, Cuento de Navidad, de Charles Dickens, no solo por su caracterización, también por sus gestos y sus movimientos. Aunque en este caso haya que diferenciar claramente su gracilidad y su elegancia de movimientos.

Pero realmente todos bien, las cuatro esquinas de la ley, que no de la justicia: juez, fiscal, abogado defensor y verdugo, conforman un perfecto cuadrilátero interpretativo, en cuyo centro el acusado está al albur de la dialéctica que lo envuelve y embarulla. Una Emma Suárez con un trabajo muy interesante, la Mademoiselle que entra y sale del ring e incluso aporta la parte lírica y onírica de la obra.

Un pero: la escena del juicio que, siendo de un altísimo interés y elevada interpretación, se ve constantemente remarcada en cada uno de sus momentos (creo que innecesariamente) por una transformada Emma Suárez de cocinera a hechicera-justicia-adivina, que va augurando lo que ya se sabe. Se hace un poco larga y se podría desmochar un poco.



La Avería de Friedrich Dürrenmatt
Cía Entrecajas P.T.
Adaptación y dramaturgia: Fernando Sansegundo
Dirección: Blanca Portillo.
Intérpretes: Daniel Grao (Juez), Emma Suárez (Mademoiselle Simone), Fernando Soto (Pilet), José Luis García-Pérez (Traps), Asier Etxeandia (Zorn), José Luis Torrijo (Kummer)
Espacio escénico: Andrea D’odorico
Iluminación: Pedro Yagüe
Música original: Pablo Salinas
Creación sonora: Mariano García
Movimiento: Mar Navarro
Caracterización: Javier Hernández
Maquillaje y peluquería: Elena Cuevas

 

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