Feb 16 2015

Dedo. Corazón en Teatro Cervantes

13/02/14. Sala Romero Esteo. Teatro Cervantes. XXXII Festival de Teatro de Málaga.

Proto-punk o himno oscuro a la nostalgia.

Texto: Jon Rivero | Fotos: Marco Takashi

Dedo. Corazón en Teatro Cervantes

Es en esa obra capital de Berlanga y Azcona, El verdugo donde encontramos la mayor analogía de esta obra de teatro absolutamente cinematográfica. El cineasta valenciano solía recorrer sus escenas con unos travellings como si fueran vías de tren entrecruzadas que se inmiscuían en las miserias y luces de sus personajes, hacia todos los lados. Conformaban un mapa, un viaje ulterior dentro de la escena.

Con Dedo. Corazón sucede lo mismo. Es una canción-himno. Un viaje, una sublimación a través de pasajes, muy enorme, a través del teatro y el cine. Es amor, amor que ciertos inconscientes-orfebres, también conocidos como artistas-creadores-actores procesan al hecho de generar vida o hablar sobre la vida y sus eternas contradicciones. Es un montaje que no ha tenido punto de referencia ni meridianos o coordenadas. Se trata de un proceso de 30 días donde sus entregadas intérpretes han ido fabricando a modo de "work in progress" toda la sustancia y recovecos de la obra, en la cual no sabían a donde iba a llegar ni cómo, bajo el manto de la Sala Romero Esteo del Teatro Cervantes.

Esa cosa decimonónica y elegante del recinto fue la que nos acompañó desde el principio a los espectadores inquietos y apelotonados, como en un patio de colegio, en Dedo. Corazón. Se trataba de orígenes,  niñas jugando y correteando empeñadas en que se oyeran los tacones de sus mayores, los cuales le quedaban grandes a Rita, uno de los personajes de la representación. Simulacros, hacerse el muerto en esa gran parábola de vida y teatro, de jugar y descubrir, frases simples y físicas. Hablar desde balcones y correr inocentes como cuando subimos y empezábamos a recorrer esta cartografía del ensueño.

Dedo. Corazón en Teatro CervantesLa creación de Alessandra García y Ximena Carnevale tiene ese pellizco de las grandes cosas, que desde los primeros minutos, atrapa y te inmiscuye de lleno. Eso sí, también es un discurso al que hay que ir abierto, desnudo y curioso. Si no, puede ser un enorme fallo como parece que sentía uno de los acomodadores del teatro cuyo rostro denotaba nerviosismo y ruptura de reglas inminente. Hacer teatro en un teatro sin estar en el escenario.

Pensamos que este teatro debe de ser de todos los malagueños, no solo de unos pocos. Hacer esta obra y que todos se enamoren del Cervantes, que lo sientan como suyo “decía A. García a este interlocutor y no le falta nada de razón.

Y claro que es uno de los grandes valores del montaje, ir recorriendo la magia, la textura, los recovecos, las butacas, las cortinas de terciopelo, el paraíso, los palcos a través de cuadros como el hueco de la intimidad –maravilloso-. Volver a descubrir que bajo esas vertiginosas estructuras, es en los pequeños momentos y las confesiones entre personajes, donde el estadio interior de una obra, se eleva para golpearnos, épica.

Hay momentos que bajan el listón, evidentes, fáciles, esa cosa del contemporáneo como el escupirse entre personajes, que acercan todo al "punk light" o la duración de ciertas escenas, demasiado largas y demasiado pendientes del "súmmum", el elitismo y la abstracción, para el que suscribe. O la proyección de El verdugo, estirada y donde algunos asistentes miraban el móvil en una acción que habría que llevar a las cámaras de gas en los teatros.

Dedo. Corazón en Teatro CervantesPero -paradójicamente- hay lugares que son puro "proto-punk", como Mc5, mucho más auténticos, que ahora sí, funcionan como ese pacto sellado con un esputo infantil entre amigas, ese arrojo del yo contigo hasta la muerte, del que luego se cuidan en limpiarse por asco. Pero al fin y al cabo vigoroso y orgánico como muchos huecos blueseros, fronterizos y noctámbulos de la representación. Kick out the jams!

Dos sucesos

El cuadro en los palcos. Acojonante escuchar las notas del maestro Shigeru Umebayashi de la cinta 2046, envueltas en actrices y aroma a lo Gloria Swanson, estrellas de cine perdidas, fantasmas hermosos. El crepúsculo del esplendor y la gloria. La construcción de una mirada dentro de un encuadre. Divas con boas de plumas y gafas muy grandes y abrigos pomposos, pendientes de su público, que se echan sobre el alambre del borde de los palcos, bañadas en la luz de panoramas. La escena es excesivamente larga como una borrachera con los licores de alta graduación que se toman Rita y Valentina pero, a cambio, otorga miles de imágenes por segundo. Gente sacrificando toda su vida para conformar la mentira perfecta, el vodevil más certero, jugar a parecer y sugerir, el truco más perverso… el Cine. Sí. Hay una inmensa emotividad para los melómanos y los que amamos el puto artefacto inenarrable que es el cine. Capacidad desarmante la que tienen estas muchachas de crear imágenes y contrastes que puedes “tocar”.

El cuadro de la mesa. Aquí se confirman todas las sospechas, absolutamente todo el público -como en una orgía masónica- está sedado bajo el destello de vestidos de lentejuelas, luces oscuras, una botella de vino, copas que son escafandras de astronautas y una mesa muuuuuy larga. Todos encapuchados, voyeurs, mirándonos entre nosotros mismos y a los protagonistas de esta comida llena de gula y silencios. Es como si Maya Deren se encontrara en un páramo con Scott Walker e iniciaran su amor arrebatado, culpable y surrealista, con una contención  y una atmósfera tan palpables como las caricias de dos personas azotadas por la vida. Lágrimas de miel y distancias de kilómetros o atrapar ese sentimiento, el amor oscuro y seco. La revelación, el bolero que genera desasosiego, las bandas sonoras que más quisimos vivir y nunca pudimos. Lo que nunca sabremos que será. Las miradas desgastadas y las ilusiones atragantadas con plumas mojadas en petróleo.

Dedo. Corazón en Teatro CervantesEl descenso final al escenario –emocionante y catártico- al infierno de los amantes, a la energía de la amistad, a las personas en comunión ante el hecho teatral, fue….. Se lo dejo abierto a su imaginación, que espero única e insaciable, como un texto que se abre y empieza a crearse en blanco y con ganas infinitas de aferrarse a nuestros dedos y corazón.

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Dedo. Corazón

Ximena Carnevale y Alessandra García

**ESTRENO**

Idea original: Alessandra García

Textos e interpretación: Ximena Carnevale, bailarina y Alessandra García, actriz

Documentación y fotografía: Violeta Niebla

> duración 2.00 h.

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