03/10/2025. Teatro Cervantes. Ciclo S!ngulares.
Texto: Carlos Guerrero | Fotos: Álvaro Cabrera / TC
El domingo 3 de octubre fue el turno de Silvia Pérez Cruz dentro del ciclo S!ngulares celebrado en el Teatro Cervantes colgando el cartel de no hay entradas.
El ciclo S!ngulares celebra su novena edición afianzándose como una de las ofertas culturales mejor acogidas por el público malagueño. Acabando el verano, coincidiendo con el inicio de la temporada lírica y poco antes del Festival Internacional de jazz de Málaga, otra de las fechas señaladas en el calendario melómano de la ciudad, Singulares mantiene la premisa de origen: traer la música de autor de carácter personal y reflexiva al escenario del Teatro Cervantes.
Silvia Pérez Cruz volvía al Teatro Cervantes exactamente dos años y un día después de que presentara su último álbum en solitario Toda la vida, un día (2023). Después de aquello, la cantante se embarcó en dos proyectos a dúo. El primero con Juan Falú, guitarrista y compositor argentino; el segundo con el portugués Salvador Sobral -quien contra todo pronóstico ganara Eurovisión con Amar pelos dois allá por 2017 atesora a día de hoy una discografía extensa y sobresaliente-.
Canciones es el nuevo espectáculo de Silvia Pérez Cruz, para el que vuelve a contar con Carlos Monfort al violín, a Marta Roma al violonchelo y a Bori Albero al contrabajo, y en el que recopila las músicas propias y ajenas que conforman el acervo de la cantante catalana. Tras pasar con éxito por Almería y Sevilla, el cuarteto recala en Málaga para cerrar una minigira andaluza que prepara la cita en el Olympia de París a principios del año que viene.
Los primeros versos de la Estrella en la voz desnuda de una Silvia erguida en el proscenio acallaron los aplausos de acogida. La canción, por la que aún resuenan los ecos de Enrique Morente, sirvió de proclama contra el genocidio palestino. Con la emoción a flor de piel el público se hermanó en una ovación solidaria con el sufrimiento del pueblo masacrado.
Pastores, adaptación del poema del colombiano Vito Apushana, nos habla de la conexión entre el ser humano y la naturaleza. La banda, con Silvia a la guitarra sentada al frente en una formación romboidal, derrocha complicidad en lo artístico y lo personal con continuas muestras de agasajo que se repitieron a lo largo del concierto cuando entrelazaban sus manos en señal de cariño mutuo y unión.
La bucólica y tierna Ell non vol que el món s'acabi y La flor, que forman parte del primer movimiento de Toda la vida, un día, antecedieron a la vulnerable Mechita (Vestida de nit, 2017), canto fascinado del que no quiere enamorarse por evitar sufrimientos, del que teme aceptar la vida con sus luces y sus sombras aunque se resigna. Iglesias, de su primer disco 11 de noviembre (2012), y que ayudó a Silvia a sanar la muerte de su padre, se mezcla con los acorde de Moon River en su final, justo antes de que comiencen a sonar los acordes del surrealista Pequeño vals vienés; de nuevo el recuerdo a Morente y también a Cohen en la celebre adaptación de los versos lorquianos.
La mitad del concierto se vuelve lúgubre en la cuidada iluminación de la escena para acoger la parte más experimental e improvisada del espectáculo. En Pena salada Monfort y Albero flanquean a Silvia con la percusión de sus instrumentos como único acompañamiento. Después, sobre la improvisación del contrabajo se levanta un popurrí tenebroso y psicodélico que se inicia con El poeta y transita por Tots el finals del món y El cant dels ocells entre otras canciones. En esta parte la voz de Silvia se llena de efectos reverberantes y distorsionadores que ayudan a generar tensión y misterio, y Marta y Carlos dejan sus instrumentos habituales para embocar trompetas que cargan de mística el momento.
Dando otra muestra más de la versatilidad y el virtuosismo de los componentes de esta formación, los cuatro interpretaron Aterrados a capela para encarar el tramo final del concierto desde una perspectiva más amable. Un tanto enajenada por la intensidad y la entrega, Silvia se saltó el orden del setlist e interpretó Nombrar es imposible antes de Capitana, lo cual solventó la cantante con una excusa al respetable y a sus sorprendidos acompañantes haciendo gala de su habitual naturalidad, locuacidad y simpatía. El canto antifranquista de Chicho Sánchez Ferlosio en Gallo rojo, gallo negro cerró el concierto por todo lo alto, y con el público aún puesto en pie llegaron los bises de Cucurrucucú paloma y Mañana, en la que todos cantamos felices y anhelantes de un futuro mejor en el que la cultura ayude a humanizarnos.
Silvia Pérez Cruz, guitarra y voz
Marta Roma, violonchelo
Bori Albero, contrabajo
Carlos Monfort, violín
1.30 h (s/i)