25/06/2026. Teatro Cervantes. Terral 2026
Texto: Mercedes Aparicio Rizzo | Fotos: @carlosmartinfotografia / @teatrocervantes
Dos artistas que mezclan tradición y experimentación en una obra con pulso propio.

Rocío Márquez es una cantaora flamenca que aúna tradición e innovación, posicionándose, así como una de las artistas flamencas de vanguardia del siglo XXI. Así lo demuestran los importantes premios que ha recibido a lo largo de su carrera, incluyendo el Premio Ruido a Mejor Disco del Año 2022 según la PAM (Periodistas Asociados de Música) por su obra Tercer Cielo y, más recientemente, el Premio MIM 2026 (Premios de la música independiente) al Mejor álbum de flamenco por Himno Vertical. Doctora cum laude por la Universidad de Sevilla con su tesis La técnica vocal en el flamenco: fisionomía y tipologías, es precisamente su conocimiento profundo del flamenco y la tradición jonda lo que, en mi opinión, le permite experimentar e innovar con una libertad que da alas a su música.
A pesar de sus más de tres décadas de trayectoria, he de admitir que yo la conocí hace solo unos años cuando actuó con Bronquio con su obra Tercer cielo en el Teatro Cervantes (recomiendo la lectura de la crónica que en su momento publicamos en Aforo Libre: Qué grande la libertad de Rocío Marquez & Bronquio). Con aquella obra nos conquistó y su nuevo trabajo, Himno Vertical, confirma la grandeza de una artista a la que se considera sobre todo cantaora pero que es mucho más. Porque Rocío no solo canta; Rocío compone, toca, baila, juega y llena el escenario de una luz que nos deslumbra, incluso cuando el escenario está a oscuras. Sus discos no son solo discos, sino obras conceptuales y multidisciplinares. Y en directo no solo nos subyuga con su voz excepcional, sino que a la vez nos hipnotiza con sus artes escénicas.
Dice Rocío sobre Himno Vertical que es «una paradoja que un proyecto musical tan íntimo y creado desde la necesidad de sanar y regularnos pueda conectar con el afuera y ser asíreconocido» (se encuentra entre los mejores discos del año en las listas de Mondosonoro, Rockdelux, Babelia, El Cultural, entre otras). Que esto le demuestra que la honestidad es el único camino para seguir compartiendo (Instagram @rociomarquezoficial). Y esa honestidad se vivió en su aparición en el Teatro Cervantes el pasado jueves.
En esta ocasión, Rocío colabora con Pedro Rojas Ogáyar (Jaén, 1984). Pedro es licenciado en guitarra clásica y posee un Máster en Artes del Espectáculo. A lo largo de su carrera ha colaborado con artistas de las que siempre aprende: Pedro G. Romero, Niño de Elche, Carla Simón, Rocío Molina, Ángeles Toledano, entre otras. Dirige y participa en diversos grupos y proyectos, tales como Proyecto Ocnos, Ruido Clavel, Furia Molar, Teatro Anatómico, Momento Cumbre, Sindicato Psicodélico de Artistas y su heterónimo inclasificable, Pedro de la Mugre. Su gran curiosidad le lleva a combinar diferentes lenguajes musicales a través del juego y la experimentación constantes, con un amplio enfoque escénico y colaborando con diversas disciplinas como la danza, el teatro y el cine.
Himno Vertical no es solo un concierto; es una obra que interpela a los sentidos y nos cautiva con su belleza.
Es Pedro el que abre Himno Vertical con su guitarra española, en un escenario a oscuras en el que solo se le ve a él, su guitarra y la silla en la que se sienta. El resto es un misterio. Se empiezan a escuchar murmullos, un susurro, palabras ininteligibles, hasta que la extraordinaria voz de Rocío lo llena todo. Esa es, quizá, una de las apuestas más arriesgadas de esta obra y de toda la carrera de Rocío. Con una voz prodigiosa que podría sostener por sí sola conciertos de impecable perfección formal, ella elije experimentar: con los ecos, los susurros, los sonidos. Y es precisamente esa experimentación, presente tanto en la carrera de Rocío como en la de Pedro, esa curiosidad por ir más allá de los límites formales, la que hace que este dúo cobre una fuerza extraordinaria en el escenario y que esta obra sea una experiencia maravillosa no solo para el oído sino para todos los sentidos.
El escenario está prácticamente vacío: solo una silla, una pequeña plataforma redonda en el centro, una caja con una cuerda y otra plataforma un poco más grande con un tapiz que cuelga. Todos estos elementos, que a priori pueden parecer irrelevantes, juegan un papel esencial en la obra: la plataforma central se convierte en elemento de percusión; la caja en metáfora; el tapiz en bata de cola; las luces en refugio. Y a oscuras, aunque no por mucho tiempo.
Rocío y Pedro juegan también con las luces, que rompen esa oscuridad para acompañar a la música y dirigir la mirada del público. Una luz blanca ilumina a Pedro y su guitarra; una única caja iluminada en medio de la oscuridad nos obliga a centrar la atención en cómo Rocío desanuda una cuerda; luces verdes frente a una Rocío arrodillada; luz roja en una boca que desgrana emociones a través de canciones; luces de colores por todo el escenario. Uno de los aspectos más potentes de esta obra: una propuesta que interpela a la vista y agudiza el oído.
Y para deleite de nuestros oídos, las canciones de Himno Vertical. Durante una hora, la voz de Rocío y la guitarra de Pedro mezclan palos tradicionales como el fandango, la seguiriya, la soleá, la malagueña, el tango y la bulería con otros estilos. Esa mezcla dota a la obra de un latido propio, que se traslada al escenario a través de los cuerpos de ambos artistas, siempre en movimiento. Pedro toca la guitarra española y la eléctrica, percusiona con el pie en la plataforma central, canta y camina siguiendo la voz de Rocío.
Ella aparece y desaparece, baila, se sienta, se arrodilla, se levanta, cambia de ropa, de registro, estalla. La guitarra no es solo un acompañamiento para la voz, se trata de un conjunto que se mueve sincronizado para cautivarnos. Existe una complicidad entre Rocío y Pedro que hace que esa interacción constante permee la obra y la engrandezca.
Al final de la obra, con el público en pie, Rocío nos regala el tradicional fandango Yo Soy Águila Imperial a capela. No nos queda otra que rendirnos ante tanta belleza.
Voz: Rocío Márquez
Guitarras: Pedro Rojas Ogáyar
Composición musical: Rocío Márquez y Pedro Rojas Ogáyar
Autoría de letras: Rocío Márquez con la colaboración de Carmen Camacho
Dramaturgia y dirección de escena: Fran Torres