09/11/2025. Teatro Cervantes. 39 Festival Internacional de Jazz de Málaga.
Texto: Carlos Guerrero | Fotos: Daniel Pérez / TC
El pasado domingo, el 39 Festival Internacional de Jazz de Málaga tuvo uno de sus momentos más esperados con la actuación de Al Di Meola en el Teatro Cervantes, donde el guitarrista estadounidense recibió el Premio CIFU como reconocimiento a su aportación a la historia del jazz desde la fusión de estilos trascendiendo géneros y etiquetas.

Nacido en Nueva Jersey en 1954, Di Meola es una figura clave en la evolución del jazz moderno desde su incorporación en los años setenta al grupo Return to Forever de Chick Corea. A lo largo de su dilatada carrera ha sabido tejer un lenguaje en el que confluyen el jazz, el rock progresivo, las músicas mediterráneas y la tradición latinoamericana, siempre con una identidad propia. En Málaga, ese lenguaje se mostró en esencia con un sonido cálido, atento al detalle y profundamente comunicativo.
El recital se articuló como un recorrido por distintas etapas de su trayectoria. Abrió con The Infinite Desire, una pieza expansiva en la que ya se apreció la complicidad con Peo Alfonsi, su amigo y compañero habitual a la guitarra. Juntos dibujaron un tejido armónico de intrincadas puntadas donde la precisión dejaba paso a la emoción musical. En Vizzini, dedicada e inspirada en el pintor siciliano, y en el reciente Fandango, primer sencillo de su último álbum Twentyfour (2024), el trío mostró su mejor versión con un pulso compartido, diálogos equilibrados y un sonido que respiraba más y más en cada compás a medida que avanzaba el concierto. Destacable el uso de los pedales añadiendo sintetizadores y distorsiones a las cuerdas de la guitarra española cuando las composiciones lo requerían.
El protagonismo rítmico recayó en el valenciano Sergio Martínez, que ofreció una lección de percusión creativa y orgánica. Su trabajo no se limitó a marcar el compás sino que construyó un paisaje sonoro cambiante, hablando con las guitarras y aportando color, textura y aire. En temas como Fandango o Milonga Noctiva, Martínez combinó con precisión la batería, el cajón y las congas con elementos de percusión menor que aportaron a la música efectos de gran dinamismo. En Café 1930, composición que Di Meola recibió como encargo en su relación epistolar con Astor Piazzolla, el percusionista mostró una sutileza extraordinaria, sosteniendo el fraseo melódico con un pulso casi imperceptible pero esencial.
Después de Turquoise, llegaría el homenaje a The Beatles con la versión de In My Life. Azzurra, evocada con contención, recordó su histórica grabación junto a Paco de Lucía y John McLaughlin en los estudios de Abbey Road. También sonó Ava’s Dance in the Moonlight, dedicada a su hija, bailarina profesional, un tema luminoso y sereno donde las guitarras parecían respirar al ritmo de una danza interior.
Los bises trajeron sorpresa en forma de colaboración del guitarrista flamenco Antonio Rey. Primero con Spain, de Chick Corea, que sirvió de guiño a sus raíces jazzísticas; y después con Mediterranean Sundance, el hit que grabara con Paco de Lucía. La complicidad de ambos guitarristas en escena fue efervescente. Antonio venía con ganas y supo exprimir a un Di Meola que, lejos de mostrar atisbos de cansancio tras casi dos horas de concierto, aceptó el guante que le arrojaba el madrileño dejando uno de los mejores momentos del concierto entre frases compartidas e idas y venidas improvisadas. Ya en las tablas hubo guiño de Rey a Paco con el esbozo de la conocida línea que sustenta Entre dos aguas, homenaje que el mismo Antonio quiso brindar al genio de Algeciras en su elocución antes de cerrar el concierto y tras las explicaciones de Al Di Meola sobre como Paco grabó el tema en una sola toma tras fumarse un porro que aplacó sus nervios. Reveló Di Meola que tal fue la intensidad de aquella grabación en una sola toma que quedó recogida en el silbido exclamativo del propio Paco que cierra la grabación de estudio y que si aguardan escucharán antes de cerrar el corte. Un silbido que viene a decir algo así como “madre mía, la que hemos liao”.
El concierto fue, en definitiva, una demostración de madurez y sensibilidad no exenta de vigor y virtuosismo siempre al servicio de la música. Di Meola estuvo comunicativo ilustrando cada uno de los temas que interpretó y trufándolos de anécdotas. Quizá por ponerle un pero, se podía haber ahorrado algunos de los vídeos proyectados durante la interpretación, no tanto por su calidad o adecuación (se pudieron ver fotos históricas de sus colaboraciones y curiosos videos caseros del artista entre tomas aéreas de paisajes) sino por no acrecentar la hegemonía de lo visual frente a otros sentidos como el oído. Nada que desluciera un concierto de los que justifican todo un festival.
Al Di Meola - guitarra
Peo Alfonsi - guitarra
Sergio Martínez - percusión