26/04/2026. Teatro Cervantes.
Texto: Miguel Ángel Barba | Fotos: @carlosmartinfotografia / @teatrocervantes
Miguel Ríos: Himno a la integridad y la honestidad
Puede gustar o no, puede considerarse un mito o no, puede tachársele de muchas cosas según los puntos de vista de cada cual, pero lo que nadie puede negar a Miguel Ríos es el respeto con el que ha tratado siempre a su público, su honestidad y su integridad.
Con 81 años, es una gran tentación y muy fácil echar mano de todo las nuevas tecnologías musicales y digitales, como muchos otros artistas han hecho y hacen, disimular las carencias, disfrazar los achaques neumológicos y hacer creer al respetable que aún se es lo que ya no se es. Pero pequeños errores, desajustes, ligeros olvidos, nos devuelven al mundo real y nos recuerdan cómo son los artistas de verdad, lejanos de esa perfección y asepsia actual, rayando el Trastorno Obsesivo-Compulsivo de limpieza, que en realidad lo ensucia todo a nivel artístico y creativo.
Y así se presenta Miguel en su nueva gira, "casi desnudo" como diría Machado. Frente a las añoradas giras con supergrupos, con bandas de jazz, con orquestas, hace un ejercicio de intimismo y sobriedad y se presenta en crudo, a solas con The black Betty Boys, un cuarteto electroacústico muy bien hilvanado, si bien se echó en falta en ocasiones algunos arreglos armónicos de guitarra, sutilezas, cambios de registro y por otra parte limpieza en el sonido del bajo, de hecho en algunas ocasiones llegaron a tapar entre ambos instrumentos la voz de Miguel por un exceso de volumen.
Por momentos, como en las interpretaciones de dos enormes canciones No estás sola o Todo a pulmón, su voz recordó lo que fue y en sus nuevas composiciones se atisban los guiños de siempre de sus canciones, buenas letras, buenos giros armónicos, potencia, belleza como en Oro irlandés, reivindicación en No es la tierra, estúpido, eres tú, toques aterciopelados en El último vals, y miradas introspectivas hacia el paso del tiempo, como el mismo vaticinó con Mientras el cuerpo aguante, ahora se transfiguran en Si pudiera parar el tiempo y En la rampa de salida, "verdadera celebración de la vida" a golpe de rockabilly esta última, como en los viejos tiempos.
Comenzar con su sempiterno Bienvenidos, todo un himno del rock, irse a su génesis con sus primeras composiciones en el inicial LP Mira hacia ti, aquellos éxitos Vuelvo a Granada y El Río, rondar algunos de sus grandes álbumes, espectáculos y momentos icónicos de su carrera: Año 2000, Generación límite, El Blues del autobús, Los viejos rockeros nunca mueren, la nota "rockanrolera" de Rock & Roll Boomerang, El rock de la cárcel y Sábado en la noche que hicieron bailar a propios y extraños en una suerte de aquelarre para recordar al público que mientras el cuerpo aguante hay que dejarse llevar por el swing que arde por dentro. Y así, sin solución de continuidad, pero con otro de sus momentos de contarnos cosas personales, el amerizaje que no podía faltar, la sempiterna Santa Lucía, otro de sus himnos, en la que se apreciaba la necesidad de un nuevo descanso tras dos horas de concierto, para ya dar paso a los bises.
Tocado con una kufiya elevó un ardoroso alegato contra la guerra y a favor de la paz en el mundo, con calificativos adecuados para aquellos que están volviendo a una inseguridad absoluta mundial y derramando dramas por doquier, interpretando a continuación Oración, un poema de Luis García Montero musicado por el andaluz, que dio paso al final con la interpretación coral deseada por casi todos del Himno a la alegría.
El obligado cameo de la tarde corrió a cargo de la malagueña Anni B Sweet, si bien es cierto que mucha gente se quedó con las ganas de que, aprovechando que el sábado Manolo García estuviera en Fuengirola con su compañero Quimi Portet, hubiera podido acercarse a rememorar su interpretación a duo de Insurrección.
Por una parte cómo se echan en falta figuras referentes en este estilo musical, como lo ha sido y vuelve a ser Miguel Ríos, que condenó con su ausencia algunos años a una orfandad y un paso por el desierto a muchas personas amantes de este género que no parecen encontrar nuevos referentes actualmente. Hay buenos músicos pero no se aprecian la misma pasión y compromiso. Y por otra, este concierto supone una especie de suerte de homenaje y recordatorio de que hay una generación a quien el edadismo y el adanismo están sometiendo a una especie de: "a tu edad ya mejor te quedas en casa que no estas para estos trotes", pero viendo esa enorme ola de energía en el teatro, bailando, cantando, emocionada, potente, era difícil no vislumbrar bajo sus aspectos de personas mayores las chupas de cuero y las almas hippies. Y es que siguen ahí la mayoría del tiempo, escondidas a la espera de que alguien como Miguel "obre su exorcismo y abra las mentes, las llene con un soplo de Rock y desaloje los fantasmas cotidianos"
Miguel Ríos, voz
Jose Nortes, guitarras y voz
Luis Prado, teclados, batería y voz
Jorge Ruiz, bajo, guitarra y voz
Samuel Terroso, batería, guitarra y voz
2.10 h (s/i)
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