29/09/2026. Teatro Cervantes. S!ngulares 2026.
Texto y Fotos: José M. Cortés
De dónde venimosLo primero, quisiera poner en contexto quiénes son para mí estos músicos. Corría el año 1996 y el que suscribe era un idealista melómano que no encajaba en la mayoría de las tendencias musicales de la época; un “raro” que escuchaba temas viejos y pasados de moda y que se movía por ambientes alternativos.
El grunge, el britpop, la electrónica o el indie eran lo máximo cada mes se publicaba material de un mar de bandas que tenían mucho que decir; pero a mí no me decían demasiado aún. La música alternativa era “main stream” y cualquiera de estos grupos sonaba a todas horas en los programas de música compartiendo alegremente minutos con el eurodance o con los gigantes de pop de la época; produciendo transiciones locas como pasar Backstreet boys a The Prodigy o de Ella baila sola a Jamiroquai en un parpadeo. En definitiva, no todo lo que salía era bueno, pero no dabas abasto a escuchar todo lo que salía.
En ese maremágnum de música que tanto disfruté en los formatos de la época en que el intercambio dependía de tu círculo de amigos o de tu cartera -en mi caso lo primero-, de repente, una noche de fin de semana impactó esa guitarra machacona, esa voz alta y ese deje inglés redondeando un sonido setentero que desde entonces me ha acompañado en mis recopilatorios en cinta, cd y mp3… Era Riverboat song. No era uno de esos grupos de los que estaban a todas horas en la radio, ni mis colegas hablaban apasionadamente de ellos, ni eran unos hermanos peleándose por ver cuál era más guay, ni vestían cierta ropa por contrato. Un grupo que no tuvo en nuestro país el reconocimiento que recibieran Oasis, Blur o Jamiroquai entre otros.
Tiempo después conseguí hacerme con ese disco, temiendo que, como tantas veces, el disco fuera un soporte para un sencillo buenísimo, pero sin mucho más contenido. Nada más lejos de la realidad que me encontré al reproducirlo una y otra vez. Sin embargo, había algo más, mucho más en ese lp, melodías con alma, bajo y batería contenidos pero fantásticos, teclados de rock clásicos y unas guitarras que van desde el acústico más contenido al rock progresivo o la psicodelia, aunque procedentes de Birminghan, no de la América profunda.
La banda presenta en esta gira un espectáculo centrado en su magnífico Moseley shoals, nombrado de este modo en honor a su localidad de origen. Para mí fue una absoluta sorpresa que se dejaran caer en Málaga, ya que hace unos meses me enteré de que venían a Sevilla para tocar en la sala Custom y barajé la posibilidad de ir a verlos. Así que miel sobre hojuelas.
El montaje elegido para la ocasión fue parco, sin apenas luces, sin visuales y con un escenario que parecía montado para probar sonido; con un fondo negro digno de quién no necesita demasiada parafernalia para gustar, con la seguridad que da un repertorio que te lo ha dado todo. Los músicos, totalmente relajados, casi como cantautores, sin aspavientos ni alardes físicos de ningún tipo. Una puesta en escena muy sobria, que contrastó por completo con el desarrollo de las canciones, llenas de emoción e intensidad: cada cosa donde tiene que estar.
Policemen & pirates puso inevitablemente en pie al público que se rindió incondicionalmente a este grupazo que, sin espectáculos circenses dio un espectáculo inolvidable.La intensidad emocional de Downtream hizo emocionarse a buena parte del auditorio lleno y con una buena representación británica. Decir que Simon Fowler tiene una tesitura vocal melancólica y en los temas lentos como este consigue poner los pelos de punta; máxime cuando se un catarro le afectaba, llegando el caso de termina alguna canción tosiendo. Esta situación no hizo perder un ápice de calidad al concierto, es más aportó un tono ronco extra a las interpretaciones.
El repertorio completo no tiene desperdicio y los bombazos no paran con temas adrenalínicos como You’ve got it bad o Riverboat song donde el despliegue de efectos de guitarra con pedales era una catarsis, contrastando con un lenguaje corporal serio de Steve Cradock, rezumando profesionalidad y amor por la experimentación con la guitarra.
Get away es uno de esos temas que dejan huella cuando los escuchas detenidamente y en directo, con una puesta en escena tan menuda, el sonido y la progresión es lo que te llegan. Al final lo importante es la música, no la farándula, cuando vas a ver un grupo de música que no tiene la presión de ser unos dinosaurios obligados a llenar estadios, solo van a compartir su alma.
Mención especial tiene Better day, perteneciente a Marchin’ already que aportó un momento de gran dramatismo cuando Fowler se emocionaba al hablar de un amigo ausente.
Un sonido impecable, una entrega medida a la perfección de los músicos en un teatro Cervantes lleno que se metió en la atmósfera de Moseley shoals durante hora y media. Era uno de esos conciertos que uno puede ser reticente a ver en un teatro; que sin embargo, está tan estudiado y tiene tal maestría que no puede fallar.
¡Larga vida a Ocean Colour Scene, larga vida al Rockanró!
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https://www.aforolibre.com/musica/rockpop/ocean-colour-scene-en-teatro-cervantes-3682#sigProGalleria2582ccaf56
Simon Fowler: voz y guitarra acústica
Steve Cradock: guitarra y órgano
Oscar Harrison: batería y coros
Raymond Meade: bajo y coros
1.30 h (s/i)