18/06/2026. Teatro Echegaray.
Texto: Rosa Parra Moreno | Fotos: @carlosmartinfotografia / @teatrocervantes
Una caja negra, como escenario, que nos pone en antecedente de lo oscuro y triste de la situación que se nos va a presentar. Una mesa de DJ con unos platos de mezcla, en la izquierda. Dos pies de micro negros y dos baúles metálicos con ruedas al frente de la escena constituyen toda la escenografía de esta adaptación hecha por Olga Amarís de la Antígona de Sófocles, que contiene algunas variantes que la renuevan y corresponden con la actualidad política mundial que estamos sufriendo hoy día. Dirigida por Itziar Fernández.
Antígona es una tragedia griega, y sigue siéndolo en la actualidad. Pero ella en esta versión ya no es una ciudadana de Tebas, si no de Israel. Tampoco va a enterrar a un hermano muerto, Polinice, sobre el que pende la norma de estado de no darle sepultura. En este caso es una hermana, Ismene, (que curiosamente representaba a la sumisión al poder civil en la obra de Sófocles) que ha sido asesinada en Palestina. Y su hermana tiene una prohibición de estado de salir de sus fronteras bajo ninguna circunstancia. Otra vez una línea territorial dibujada por los hombres delimita el espacio sagrado de dar sepultura, algo que cada persona entiende como ley moral y no política de actuar con sus muertos.
Otra innovación: no hay una Antígona, sino cuatro. Que en realidad forman parte del coro griego trasmutado en coral actual que informa y declama, y a veces hasta rapea, los avatares que sufre la protagonista para lograr llegar a donde está su hermana Ismene y poder darle sepultura. Las Coreutas van adquiriendo la voz de Antígona de forma aleatoria y el resto, como coristas actuales, le va respondiendo y avanzando la acción de la historia. Hemón, el prometido de Antígona, es en la nueva adaptación uno de los 260 jóvenes asesinados en un festival de música, una rave, realizada en Palestina. Su delito: confraternizar con el enemigo.
La obra nos lleva a ser conscientes de la manipulación inconsciente en que vivimos en la actualidad, con las redes sociales lanzando consignas y actuando como antes lo hacían los reyes y las leyes. La ligazón con la memoria histórica es una reminiscencia continua: ¿por qué unos muertos tienen derecho a la sepultura y otros se quedan en los barrancos o cunetas? Todos son seres humanos. Creo que la intención de esta nueva versión no solo es actualizar a la protagonista, sino también resignificarla, convirtiéndola en cualquier mujer de cualquier lugar donde se instaure una ley inhumana o absurda, como lo es la de no poder enterrar a sus muertos, sean del bando que sean. Una ley anti orgánica y cainita que da valor a las personas por su estatus y procedencia y no por su humanidad misma.
Destacar el trabajazo corporal realizado por las cuatro actrices que componen el elenco (Alba Selva, Carla Morera, María Luisa Tomás y Olga Zarandieta): cantar, declamar, rapear y moverse no suelen darse la mano. Han montado una coreografía de movimiento que las hace parecer como marionetas en manos del Estado, sean del bando que sean, están patrocinadas por los poderosos que promueven las diferentes ideas. También resaltar su ductilidad para encarnar diversos personajes, a favor y en contra de Antígona, lo que favorece la comprensión objetiva del asunto tratado y facilita al público asistente la disparidad de criterios sin fijarlos a único personaje: nadie es bueno ni nadie es malo, solo hay discrepancia de criterios políticos que se solventarían con el dialogo y el respeto.
La sinergia que mantiene unidas a las actrices hasta el final, su empatía y forma conjunta de mantener la escena nos lleva a captar de forma subliminal el talento artístico que tenemos en nuestra tierra. Todas conforman un mismo tejido vivo en constante transformación. La propuesta se construye desde ahí, desde la hibridación entre la palabra, el ritmo, la respiración y unos cuerpos que atraviesan distintas capas, estados y contradicciones a lo largo del viaje de la obra y que se dirigen hacia la tragedia.
Quiero agradecer a todo el equipo artístico y técnico la valentía de impulsar proyectos, y arriesgarse a llevarlos a público, aunque sean difíciles de digerir por la temática y por revisar a un clásico. Gracias a artistas así se mantiene vivo nuestro legado cultural, que nos sirve de guía para situaciones que se repiten a lo largo de la historia y que aún no hemos aprendido a solventar, por lo que es necesaria su revisión, a ver si así el colectivo humano se da cuenta de los errores cometidos y no se repitan más.
Pueden ver esta obra en el Teatro Echegaray hasta el día 27/06/2026

Texto: Olga Amarís
Dirección: Itziar Fernández
Con: Alba Selva, Carla Morera, María Luisa Tomás y Olga Zarandieta
Diseño de iluminación: Jorge Colomer
Espacio sonoro: María Luisa Tomás
Ayudantía de dirección: María Beltrán