19/02/2026. Factoría Echegaray. Teatro Echegaray.
Texto: M.Carmen Sánchez Torres | Fotos: Carlos Díaz
Si tuviéramos que resaltar algunas de las numerosas cualidades de la dramaturgia de Juan Fleta sería el mimo, la delicadeza y empeño que impregna cada obra que estrena. Fuimos testigos de Elías en el andén y La herejía de las beguinas en el mismo Teatro Echegaray donde nos presentó el jueves 19 Conserveras del tiempo y comprobamos que su sensibilidad no solo continúa intacta, sino en aumento.
Mientras el público entra en el teatro y se acomoda, suenan canciones de Mari Trini o Cecilia, la banda sonora que nos va a situar en los últimos atisbos del franquismo en nuestro país. Cuatro mujeres sureñas, ataviadas con faldas largas, botas katiuskas y pañuelos de faena emergen cantando en el escenario. Son compañeras de trabajo y vecinas del mismo pueblo que laboran limpiando y conservando pescado. Todas compaginan este duro trabajo con los cuidados: de los hijos, de los maridos, de las madres ancianas. No han recibido estudios ni han viajado: la vida resignada de tantas mujeres hace 50 años. Hasta que un revulsivo en forma de nueva compañera reivindicativa, La Nena, hará temblar los cimientos de esa sumisión. Inma Caballero, Alejandra Cid, Virginia DeMorata y Magda Salinas dan vida no solo a las cuatro protagonistas sino también a las otras féminas antagónicas, es decir, las que rechazan los cambios en el estatus, las cómplices del patriarcado (vecinas cotillas, madre anciana). En este punto, no es necesario explicar la profunda perspectiva de género que posee Conserveras del tiempo.
La creación del espacio sonoro es sobresaliente (María Luisa Tomás) y característico en la producción de Juan Fleta. Nos transporta a 1975 a través de la radio y, en concreto, del archifamoso Consultorio de Elena Francis que era la educadora sentimental femenina del franquismo, fiel a los preceptos de la Sección Femenina: enseñaba desde tareas domésticas, “curar” la homosexualidad o cómo “el hombre es el dueño del hogar”. Asimismo, el escenario se transforma en proyecciones visuales muy didácticas, como el rescate de la “voz” de Matías Prats padre retransmitiendo los pasos de Semana Santa, un símbolo de la época.
Para nosotros no representa una sorpresa evidenciar el esmerado detallismo del autor, confesamos que lo esperábamos: Juan Fleta no da puntada sin hilo. Por ejemplo, la exhaustiva documentación, la creación de un mundo de ficción verosímil, los aportes pedagógicos, la reivindicación del papel de la mujer en la Historia, la defensa de lo popular (las canciones que entonan las conserveras), el escenario parco pero visual.
Nos parece imprescindible que se hable en dialecto andaluz occidental con sus ceceos: bravo. Porque el lenguaje dota de esencia a la obra: las mujeres son trabajadoras con un registro informal lleno de expresiones coloquiales, son deslenguadas. La vida real.
A pesar de su larga duración (dos horas), el primer montaje de esta 10ª temporada de Factoría Echegaray es excelente, como las actuaciones de las actrices, como el colorido final, el humor gaditano y, por supuesto, traer a nuestra memoria las mujeres de antaño, esas feministas que aún no sabían que lo eran. No se pierdan las obras de Juan Fleta porque son sinónimo de calidad.
Factoría Echegaray
Texto y dirección Juan Fleta
Ayudantía de dirección María Beltrán
Con Inma Caballero, Alejandra Cid, Virginia DeMorata y Magda Salinas
Espacio sonoro María Luisa Tomás
Diseño de iluminación Jorge Colomer
Diseño de escenografía y vestuario Juan Fleta
Equipo técnico de Factoría Echegaray